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Reseña de VI JORNADA DE LA ASOCIACIÓN VASCA DE REHABILITACIÓN PSICOSOCIAL  

publicada en

diario vasco

Miércoles, 19 de Mayo de 2004

Organizada por logo

ASVAR

con la colaboración de:

ome  avifes

(ver programa de la Jornada)

OME-AEN AGIFES

 Reproducido de: http://servicios.diariovasco.com/pg040519/prensa/noticias/AlDia/200405/19/DVA-ALD-221.html

  AlDia

 

Los falsos mitos sobre la enfermedad mental

La discriminación y el estigma que padecen las personas con problemas mentales severos ha reunido en una mesa redonda a varios expertos de esta especialidad
JORGE NAPAL/
«La mayor fuente de discriminación es el desconocimiento. Para muchas personas, e incluso profesionales de la Sanidad, los programas de salud mental y las enfermedades psiquiátricas son profundamente desconocidas...Y eso siempre genera temor y prejuicios». José Uriarte, presidente de Asvar, la Asociación Vasca de Rehabilitación Psicosocial, abría con estas palabras una mesa de debate que congregó la semana pasada en Donostia a distintos profesionales de la especialidad.

El objetivo era claro: reflexionar sobre la «injusta discriminación» de personas por el mero hecho de padecer una enfermedad mental. «Quienes trabajamos en este campo podemos poner múltiples ejemplos concretos», expresó Uriarte, jefe de Unidad de Gestión Clínica de Rehabilitación del Hospital de Zamudio. Era la VI jornada que celebraba la organización. La primera vez que lo hacía en Gipuzkoa.

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Peio Mujika, a la izquierda, y José Uriarte, participantes en la jornada de rehabilitación psicosocial. [LUSA]

 


Al hablar de enfermedad mental pululan ciertas creencias y mitos que determinan la percepción que existe sobre ella. Así lo cree Peio Mujika, director de actividades de día de Aguifes, Asociación Guipuzcoana de Familiares y Enfermos Psíquicos que ejerció de anfitriona en el acto. Ejemplos de ello hay por doquier. Estas falsas creencias determinan una «visión equivocada» de los afectados, describe Mujika. Esos prejuicios convierten con frecuencia incluso a los progenitores en «culpables» de la enfermedad de sus descendientes, un dato muy elocuente que demuestra «cómo el estigma afecta también al entorno familiar más cercano», según reveló el portavoz de la asociación guipuzcoana.

Incremento de pacientes

La evolución de los pacientes con diagnóstico de esquizofrenia u otras psicosis atendidos en el territorio histórico ha ido en aumento en los últimos años. El incremento no ha cesado desde 1997, fecha en que se comenzó a describir una clara línea ascendente, de 2.500 hasta las 3.600 personas atendidas durante 2002. La estadística parece demostrar que «nuestra capacidad de atraer al sistema sanitario a pacientes psicóticos graves ha mejorado», valora a la luz de esos datos Álvaro Iruin, responsable de Asistencia Psiquiátrica del Sistema Vasco de Salud-Osakidetza.

El jefe de Salud Mental del Departamento de Sanidad incorporó un nuevo argumento al debate: «El estigma como un factor de discriminación positiva». Si bien con frecuencia este concepto viene acompañado de una acepción negativa -«como si fuera una mancha»-, este psiquiatra cree conveniente convertir el estigma «en un signo diferencial». Dice que la clave reside no tanto en «la presencia o no de esa mancha» sino en la consideración que hacemos de ella. Pone el acento, por tanto, en la actitud de las personas ante el hecho diferencial de la enfermedad mental.

No se trata de una cuestión baladí. La lucha contra la estigmatización que arrastran las enfermedades mentales severas figura en la agenda política de distintas instituciones y organismos. En su informe de salud mental, la OMS, dentro de la recomendación cuarta, dirigida a todos los países, establece una postura firme sobre la necesidad de educar e informar acerca de este tipo de dolencias. El Ararteko también fija la necesidad de impulsar mecanismos que permitan sensibilizar a la población sobre esta cuestión.

Consecuencias

Los profesionales del sector subrayan que la estigmatización tiene sus consecuencias: escasez de recursos para el desarrollo de servicios de psiquiatría; desproporción entre la gravedad de los problemas causados por la esquizofrenia y los medios que se emplean... Estudios recientes concluyen, según el director de Aguifes, que más del 40% de propietarios de viviendas rechazan a posibles inquilinos sólo por padecer trastornos psiquiátricos. Es decir, «el hecho de padecer una enfermedad mental dificulta el derecho a la vivienda», denunció.

También es cierto, tal como señala Álvaro Iruin, que «si preguntamos a familiares y pacientes dónde quieren que viva la persona afectada, existe un punto de coincidencia al responder que el mejor lugar es con la propia familia», apostilla. El terreno laboral también se muestra sinuoso para este colectivo. Las oportunidades de empleo son exiguas y el aislamiento social está muy presente. Con el objetivo de normalizar esa reinserción, el jefe de Asistencia Psiquiátrica de Osakidetza explicó que su departamento participa de una iniciativa ya iniciada hace dos años. La creación de un servicio de acompañamiento para el enfermo, en esos primeros pasos titubeantes de incorporación al trabajo, es una de las líneas de actuación que se apuntan y que verán la luz en un futuro, ya que «todavía no están asignados los fondos para ello», aclaró Iruin.

Francisco Chicharro, presidente de la Asociación Española de Neuropsiquiatría (AEN) confiesa, sin soslayar las demandas actuales, que la evolución en la asistencia psiquiátrica en los últimos veinte años «ha sido espectacular». En la CAV, en el año 93 había algo más de 40.000 pacientes en tratamiento. Una década después, en 2002, eran ya más de 70.000, «y eso tiene que ver con la progresiva desaparición del estigma que existía a la hora de acudir a salud mental», opina.

Tanto es así, que si bien en fechas pretéritas era muy difícil «arrastrar al paciente» a una consulta de psiquiatría, hoy en día «nos quejamos de que por cualquier acontecer negativo de la vida uno se acerca a este servicio», apuntó el también presidente de la Asociación Vasca de Salud Mental-OME y director médico del Hospital Psiquiátrico de Zamudio. Probablemente, dijo, en estos momentos gran parte de la población recurre a los servicios sanitarios para resolver «otro tipo de conflictos».

 

 

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Largo camino hacia la atención sanitaria
 

El ritmo de integración de la salud mental en la asistencia sanitaria general es fruto de constantes pasos históricos. Echando la vista atrás -en el siglo XVII, sin ir más lejos, los enfermos mentales eran vistos como un producto de posesiones demoníacas y fenómenos paranormales- se pueden encontrar signos evidentes de modelos culturales donde la mofa era constante. Una actitud con la que «se castigaba todas las posibilidades de desarrollo de estas personas», describe, en un repaso histórico, Imanol Querejeta, jefe de sección del Servicio de Psiquiatría del Hospital Donostia.

Con la Revolución Francesa comenzaron a cambiar paulatinamente las cosas. Irrumpe entonces Philip Pinel, psiquiatra francés que revoluciona a nivel mundial la psiquiatría. En una actitud heroica y humana, Pinel libra de sus cadenas a cientos de alienados que sufrían ingresos en hospitales psiquiátricos del país, convertidos en auténticos centros de marginación.

Nace una nueva corriente en Europa en la que se tienen en cuenta por vez primera principios médicos y humanitarios. A partir de entonces, «el cuidado del enfermo psiquiátrico comienza a tener una orientación más sanitaria», explica Querejeta. Como consecuencia del horror de las dos guerras mundiales comienza a darse en las clínicas psiquiátricas un tratamiento más individualizado.

Fue una práctica que, sin embargo, durante el franquismo no pudo materializarse. De hecho, «la asistencia psiquiátrica era la única especialización no integrada en el sistema público de salud. Dependíamos de las secciones de beneficencia de las instituciones públicas», recuerda Querejeta.

'Flecos' pendientes

Llegaron nuevos tiempos. Una vez incorporada la necesidad de incluir la especialidad dentro de la asistencia general, la CAV se convierte en pionera en el año 1985 al conseguir que el enfermo psiquiátrico sea atendido en las urgencias de los hospitales generales. Desde aquel año se han ido abriendo diferentes unidades de agudos.

El jefe de sección del Servicio de Psiquiatría habla, no obstante, de «dos grandes flecos» en el País Vasco: por un lado, la unidad de psiquiatría del Hospital de Cruces. «Fue una larga lucha que conseguimos ganar entre todos. Hubo resistencias, pero afortunadamente en el 98 se consiguió abrir la primera unidad con un número de camas muy exiguo, hoy plenamente integrada en el hospital, que ha crecido hasta las 21 camas».

«La última batalla», apunta Querejeta, pasa por la «incorporación» de la urgencia psiquiátrica «dentro de la urgencia general del Hospital Donostia». Confiesa que si aún no se ha integrado ha sido por «una cuestión puramente táctica» ya que una vez que la fusión de los tres hospitales ha sido una realidad, «la actitud y voluntad de la dirección ha sido siempre incorporar la urgencia general». En este sentido, se están manteniendo reuniones para concretar las nuevas líneas de actuación.